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Otitis en el caniche: cómo reconocerla, tratarla y evitar que vuelva

Por la redacción de The Poodle Guide · Actualizado el 2 de noviembre de 2026

Un perro pequeño de pelo largo, un Yorkshire terrier, en la mesa de exploración del veterinario mientras una persona con guantes le levanta la oreja y toma cerumen con un bastoncillo

Tu caniche sacude la cabeza más de lo normal, se rasca una oreja con la pata trasera y, al levantarle la oreja, notas un olor que no debería estar ahí. Lo más probable es una otitis, uno de los motivos de consulta más frecuentes en perros, y el caniche tiene fama de sufrirla. Aquí te contamos cómo reconocerla, qué hace el veterinario y por qué la infección suele ser solo la mitad de la historia. Para el cuidado diario, tienes la guía de limpieza de oídos del caniche.

Por qué justo los caniches

Investigadores del Royal Veterinary College (proyecto VetCompass) revisaron los historiales de más de 22.000 perros de clínicas veterinarias del Reino Unido. En un año, el 7,3 % tuvo una otitis externa diagnosticada, aproximadamente uno de cada catorce perros. Las razas de caniche en conjunto tenían 1,9 veces más riesgo que las razas que no son caniche. También contaba la forma de la oreja: el riesgo era 1,76 veces mayor con orejas colgantes y 1,84 veces mayor con orejas colgantes en forma de V, en comparación con las orejas erguidas.

En el caniche se suman dos factores. La oreja cuelga sobre el conducto y dentro del conducto crece pelo, lo que lo hace cálido y poco ventilado. Si además entra humedad, tras nadar o un baño, las levaduras y las bacterias encuentran el ambiente ideal. Esto vale para las cuatro tallas.

Cómo reconocer una otitis

  • Sacudidas de cabeza frecuentes o roces de la cabeza contra el sofá y el suelo.
  • Rascarse la oreja, a veces con quejidos porque duele.
  • Olor desagradable, agrio o dulzón.
  • Piel roja e hinchada, cerumen marrón o amarillento o secreción húmeda.
  • Apartarse o gruñir cuando le tocas la oreja.

Si inclina la cabeza hacia un lado, anda tambaleándose o da vueltas, la infección puede estar más profunda, en el oído medio o interno: llama al veterinario ese mismo día. Una oreja gruesa y blanda suele ser un otohematoma, una bolsa de sangre que aparece por tanto sacudir y rascar; también requiere veterinario.

Qué hace el veterinario

Con un otoscopio mira dentro del conducto. Busca dos cosas: si hay algo que no debería estar ahí, como una espiga o ácaros del oído, y si el tímpano está íntegro. Esto último es clave, porque muchas gotas óticas no deben usarse con el tímpano perforado. Además suele tomar una muestra de cerumen para verla al microscopio (citología): así se ve si predominan las levaduras (lo más frecuente es Malassezia) o las bacterias, y de eso depende el medicamento.

El tratamiento suele ser una limpieza del oído y gotas con receta. En España, desde el Real Decreto 666/2023, que regula la prescripción y dispensación de medicamentos veterinarios, los fármacos sujetos a prescripción se dispensan solo con receta veterinaria; no sirve guardar los restos del bote de la vez anterior. Un oído muy inflamado a veces solo se puede limpiar bien con sedación. Termina siempre el tratamiento aunque a los pocos días parezca mejor, y acude a la revisión que te indiquen.

La otitis suele ser un síntoma

Los veterinarios piensan en cuatro capas: la causa primaria que la inicia, la infección secundaria (levaduras y bacterias), los factores predisponentes (orejas colgantes, pelo en el conducto, humedad) y los factores que la perpetúan cuando se alarga. Las gotas atacan sobre todo la infección; si la causa sigue ahí, la otitis vuelve.

La causa primaria más frecuente es la alergia, tanto ambiental (ácaros del polvo, pólenes) como alimentaria. En un estudio con 100 perros con otitis, la alergia estaba detrás de 43 casos; las espigas de 12 y los ácaros del oído de 7. Si también se lame o muerde las patas o se rasca la barriga y las axilas, apunta más a una alergia.

Si se sospecha una alergia alimentaria, la forma de confirmarla es una dieta de eliminación: al menos ocho semanas con una sola fuente de proteína que el perro no haya comido nunca, o un pienso dietético específico, y después volver al alimento anterior para ver si reaparecen los síntomas. Los análisis de sangre y saliva para alergias alimentarias no son fiables.

Una particularidad del verano: las espigas

En España, el Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña ha alertado de repuntes de consultas veterinarias por espigas de gramíneas, que se clavan en orejas, ojos y patas. En el oído pueden provocar una otitis o incluso lesionar el tímpano, y las orejas colgantes y el pelo enmarañado dificultan que el perro las expulse. Tras pasear por hierba seca, revisa las orejas. No intentes sacarla con un bastoncillo, porque se empuja más adentro: es cosa del veterinario.

Por qué no conviene dejarlo

Una otitis que vuelve o se alarga cambia el conducto: la piel se engrosa, el conducto se estrecha y con el tiempo puede incluso calcificarse. Entonces ya no se puede limpiar bien y las gotas funcionan cada vez peor. En el extremo, cuando la medicación ya no basta, queda la cirugía que extirpa todo el conducto auditivo (ablación total del conducto auditivo, TECA), con una audición reducida, aunque no perdida del todo.

Si el problema se vuelve crónico, revisa cómo trata tu seguro para caniche las dolencias recurrentes y las enfermedades que ya existían antes de contratar la póliza.

Prevención: lo que puedes hacer tú

  • Mirar y oler cada semana. Un oído sano es rosa claro, limpio y sin olor.
  • Secar tras el agua. Seca las orejas con una toalla después de nadar o bañarlo.
  • No pasarte con la limpieza. Un oído limpio se deja en paz y los bastoncillos nunca entran en el conducto.
  • El pelo del oído, con criterio. Recortar alrededor de la entrada forma parte de la peluquería del caniche; arrancar el pelo es discutido y solo se hace si lo aconseja el peluquero o el veterinario.
  • Si se repite, busca la causa. Dos o tres otitis al año no son mala suerte, son una señal.

Los problemas de oído figuran entre los puntos de atención habituales de la raza; en la guía de salud del caniche encontrarás el resumen, y si dudas entre tallas puedes consultar los tamaños de caniche.

En resumen

  • Las razas de caniche tienen casi el doble de riesgo de otitis que otras razas.
  • Señales: sacudir la cabeza, rascarse, olor, enrojecimiento, secreción y dolor.
  • Cabeza ladeada o tambaleo: veterinario el mismo día.
  • No pongas gotas por tu cuenta: primero hay que comprobar el tímpano.
  • Termina el tratamiento y acude a la revisión, aunque parezca mejor.
  • Si vuelve, la alergia es la causa de fondo más probable.

Preguntas frecuentes

¿Cómo reconozco una otitis en mi caniche?

Las señales más habituales son sacudir la cabeza, rascarse la oreja, olor desagradable o dulzón, enrojecimiento, secreción marrón o amarillenta y dolor al tocar la oreja. Si inclina la cabeza hacia un lado o anda tambaleándose, puede estar afectado el oído medio. En todos estos casos, al veterinario.

¿Puedo tratar yo mismo la otitis de mi perro?

No. El tratamiento adecuado depende de lo que haya en el oído (levaduras, bacterias, una espiga, ácaros) y de si el tímpano está íntegro. Muchas gotas no deben usarse con el tímpano perforado, y eso solo lo comprueba el veterinario con un otoscopio. Además, en España los medicamentos veterinarios sujetos a prescripción requieren receta.

¿Por qué mi caniche tiene otitis una y otra vez?

Una otitis recurrente suele ser el síntoma de otra cosa. La alergia, ya sea al ambiente o a un ingrediente del alimento, es la causa de fondo más frecuente. Mientras no se trate, la otitis vuelve. Pregunta a tu veterinario si conviene un estudio de alergia o una dieta de eliminación.

¿Los caniches son más propensos a la otitis?

Sí. En un gran estudio británico con más de 22.000 perros, las razas de caniche en conjunto tenían casi el doble de riesgo de otitis que las demás razas. Las orejas colgantes y el pelo en el conducto auditivo influyen, y eso vale para las cuatro tallas.

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